jueves, 21 de agosto de 2008

El amor verdadero


Al principio de una relación todo es perfecto, por ejemplo, vais a elegir un restaurante para cenar y aunque te mueras de ganas por ir al Burguer King porque por un euro más te dan una taza de Spiderman, dices:

- ¿Dónde te apetece cenar que a mí me da igual?

Y te lleva a un vegetariano y piensas que eres la persona más afortunada del mundo, eso sí, hay que guardar el secreto porque como se entere tu madre ya las ha liado, después del pitostio que montas cada vez que pone espinacas.

Cuando empiezas todo son atenciones, sales de casa duchado, afeitado, te pasas esa bola por el sobaco (desodorante) e intentas que la rompa esté en conjuntada. A ella le pasa lo mismo, llega impecable, maquillada y oliendo bien, aunque lo de oler bien depende de los gustos, porque hay más de un perfume que ha inspirado su fragancia en el cucal aerosol.

Es curioso como en las primeras citas actuamos como si fuésemos clics de playmobil, ni siquiera se nos ocurre entrar a un servicio a orinar, o sonarnos los mocos y poco a poco vamos dando ejemplos de índole escatológico pero siempre refiriéndonos a un amigo: “no veas cómo se va por la patilla mi amigo Pedro, parece un pava de Bolivia”.

La cosa cambia cuando ya te vas a vivir con la otra persona y ya no estás todo el tiempo arreglado y afeitado. Al levantarte por la mañana no sólo tu aliento es capaz de matar al doberman del vecino, sino que cuando te miras al espejo deduces que el hombre no viene del mono, sino que va hacia él.

Sinceramente esta es la parte de la relación que más me gusta, porque es cuando puedes ser tu mismo, al igual que la otra persona. Es cuando más valoras al contrario, porque ya la has conocido como un maniquí del Corte Inglés y ahora ha bajado del pedestal y es una persona normal y corriente.

Pero cuando realmente conoces a la otra persona y verdaderamente sientes que tu casa es un hogar es después del primer cuesco. Una vez que alguien de los dos rompe el hielo y el otro lo sigue quebrando, podemos decir que la relación ha alcanzado su punto de madurez exacto.

Mi teoría es que no puedes confiar en una persona con la que llevas varios años si nunca la has escuchado peer, porque es que no es humana, mismo es un robot que ha venido a absorber tu inteligencia, meterla en un bote y llevarla a un centro de investigación de la NASA. También puede tener problemas de gases, pero ya no es tan chulo como lo anterior.

Otra cosa que también marca mucho la confianza en la relación es cuando puedes decir libremente que te ha dado un apretón y tienes la libertad de ir corriendo al baño mientras aprietas el culo. Si para estos menesteres tienes que inventar una excusa del tipo “voy a ver si la luz de la habitación funciona y creo que tardaré un rato”, mejor que lo dejes todo y te vayas a vivir solo.

12 comentarios:

Fran dijo...

jojojojojoo

Creo que entonces ningún hombre podrá confiar en mi jamás. Preferiría morir que dejar de ser yo.Todo lo que tiene que ver conmigo huele a rosas, o eso intento.
Los alientos de dragón siempre son ellos (yo tengo algunos trucos para levantarme con un olor aceptable en la boca), para los gases Idem; para el olor en las axilas igual, en fin, no significa ningún sacrificio, forma parte de mi forma de ser.
Te felicito por tu forma de ver la compenetración en la pareja, yo no creo pueda soportar eso de ningún hombre. Al primer gas emprendería partida sin retorno.

Besos (con ambientador de lavanda)

Pablo dijo...

Eres muy exigente... :-)

Dime cuáles son esos trucos para estar siempre divina de la muerte, si no te importa se los pasaré a mi jefa a ver qué opina de ellos.

Besos.

Supersoto dijo...

Qué arte tienes, Pablo! Es que lo has reflejado a la perfección! Te felicito! Al Curru y a mi nos ha pasado y claro cuando tuve aquel contratiempo en el tren de cercanías no te imaginas la tranquilidad que me dio admitir con toda tranquilidad: me he cagao por la pata abajo, Curru. Le dije más o menos, ¿los pedos pesan? No. Entonces me he cagao.
En fin, que los pedos no huelen a flores y la mierda, venga de donde venga es mierda, pero cuanta más confianza tengas con tu pareja, estas cosas las ves con más naturalidad. Mi amiga Marian decía que estas cosas son naturales del cuerpo humano y que por lo tanto no hay por qué poner cara del Fary comiendo limones ni de gitana de Santander intentando vender relojes a cuatro chistosos en la puerta de una casa siendo testigo un rottweiller cabreao y hambriento. Y lo decía una persona que en el barrio más sencillo donde había vivido era en Alberto Alcocer...

Supersoto dijo...

La emoción me ha hecho ser redundante con tranquilidad al principio, sorry.
Por cierto, cuidadin con los gases porque aguantarse es malísimo, recuerdo aquel que padecía y murió desgraciadamente de ese mal y en su lápida reza la frase: por un peo aquí me veo...

Virginia dijo...

Es imposible estar las 24 horas del día perfecto/a y estar siempre evitando esas cosillas totalmente naturales y necesarias de nuestro cuerpo.

Es magnífico alcanzar tal nivel de confianza con tu pareja que puedas comportante con naturalidad. Además, no se trata de soportar, si no de aceptar esas pequeñas cosillas mutuamente.

Y que estrés no poder tirarte a gusto un peo (en andaluz, porque si ponía pedo el administrador del blog me amenazó que me eliminaba el comentario) en tu propia casa!

Nuria dijo...

Que razón tienes Pablo¡¡¡
Yo estoy ahora en la primera fase (maniqui del Corte Inglés)pero estoy esperando un poco antes de tirarme un peo, no vaya a ser que el chico en cuestión salga corriendo, y sin mirar atrás...
Estoy totalmente de acuerdo en que no es posible estar todo el día "perfectos", pero son etapas que hay que vivir en las relaciones
Bs
N.

Novicia Dalila dijo...

En conclusión, que la madurez de una pareja es directamente proporcional a su conocimiento y reconocimiento del ombligo para abajo, no??? Tanto a nivel sexo como de las demás necesidades orgánicas :P:P:P

Sí es así, tal cual lo presentas, aunque a veces no da tanta risa como leyendo tu entrada.... Pero es verdad como la vida misma.

Otra cosita Pablete.... Lo de las ganas de cenar en el Burger King se te va a pasar en cuanto tengas niños y te sepas los menús de memoria...

Un beso y buen finde a todos

Pablo dijo...

Nuria, tú sigue de momento como maniquí, que porte, estilo y elegancia no te faltan. Eso sí, llevando tacones que el estudio de ellos que escribiste en tu post te puede ayudar mucho.

Novicia, no había yo caído en que una parte importante de la madurez está de ombligo para abajo... :D

Ya la madre de los niños se encargará que no ocurra lo del Burguer King, que me veo escapándonos a altashoras de la madrugada a comernos un Wopher...

Besos

Merce dijo...

Llego desde el blog de Nuria, jajaja, genial, me he reído mucho, gracias por ello...

Yo llegué a ese momento de madurez "parejil" el día que no me importó llevar más de un mes y pico sin depilarme...

Estoy de acuerdo con Novicia, te vas a hartar de whopper y big king...:-)

Fran dijo...

Celebro que todos tengamos nuestras diferencias y que cada quien se de chance de encontrar su media naranja.
Seria muy triste que udtedes tengan que andar apretando el culo y que yo tenga que oler los peos.

Nuria, espera que se sumbe el el primero, no sea que el galan sea como yo. Vamos, que por andar con el culo apretado no dejan a nadie, pero por pedorro ya he visto algunos casos.

Saludos con aroma a pino silvestre.

Pablo dijo...

Merce, muchas gracias por pasarte por aquí y dejar un comentario. Lo tuyo también fue muy bueno pero es un paso más y bastante importante. Como digo en el post, cuando hay verdadera confianza es cuando más a gusto estoy.

Fran, como dices hay muchos tipos de personas y tienes que buscar con la que mejor te encuentres, porque llevas toda la razón que sería muy triste andar con la cara y con el culo apretado por culpa de esas cosas :-)

Besos a todas.

Javi dijo...

Disculpen el retraso en mi incorporación a la tertulia sobre la peoterapia, pero acabo de llegar de vacaciones.

Pablo, ¿este artículo lo has sacado de un texto de amor de Calderón de la Lancha?. Es que me suena mucho tanto derroche de romanticismo. De todos modos, he llegado a varias conclusiones.

Una de ellas, es que las parejas que practican la "lluvia dorada" y sus derivados, deben haber salido de una obra de Shakespeare.

Otra es que, si un laxante hace que se te caiga la mortaja y ésto es señal de amor, habría que sustituir la viagra por el laxante.

También se me ocurre que, en épocas de crisis en la pareja, se debe comer más potaje. De ese modo, "popopoporoporopoooooó", significará "te quiero". Lo digo por si cuesta más trabajo que salgan las palabras.

Y por último, los homosexuales se quieren poco y son muy egoistas, dado que les gusta cagar para adentro, sin querer compartir su amor con la pareja.

Pablo, gracias de todo corazón por tus consejos sobre el amor verdadero. Ahora mismo descambio "Memorias de África" por "Manolito Gafotas", que seguro tengo a mi novia en el bote.