sábado, 6 de septiembre de 2008

Las enfermeras no podrán olvidar mis "bajos comerciales"


Voy a contar una historia que, por lo humillante, debería ser igual de secreta que la fórmula de la Coca Cola, pero como ya la he contado tantas veces, qué más da que salga en internet también.

Me llamaron un viernes para hacer una entrevista en el que sería mi primer trabajo aquí en Madrid. Yo aun vivía en Huelva así que vine en AVE y volví en coche con una prima mía. No sé qué dije o hice en la entrevista que les convencí y me dijeron que empezase el lunes. No tenía piso donde vivir, así que pedí empezar el miércoles para tener al menos dos días para buscar alojamiento, mientras me quedaría en casa de mi primo.

Entre unas cosas y otras, que se resumen a perdernos en incontables ocasiones por la M30 y 630 kilómetros de viaje, llegué a Huelva a la una de la mañana y tenía día y medio para preparar la mudanza.

A mi madre no sé qué le entró por el cuerpo que me despertó el sábado muy temprano para que nos fuésemos a una tienda que tenía los calzoncillos de rebajas. Se pensaría que me habían contratado de doble de Supermán y tendría que llevar siempre los calzoncillos por fuera. Tal vez pensó que los de aquí hablan fino porque llevan los calzoncillos nuevos, no lo sé.

Llegamos a la tienda y efectivamente estaban a muy buen precio, pero a cada cual más feo y mi madre no hacía más que cogerlos por puñados animada por la dependienta que se iba a ganar una semana de permiso por ser capaz de vender aquel lote.

Viendo que entre mi madre y la dependienta me iban a forrar mis partes nobles con esos horrores de prendas me puse serio y dije que ni hablar, que algunos vale porque uno tiene la vergüenza bajo cero, pero que otros nada. Y me dice la dependienta:

- Hombre, tampoco son tan feos, no son unos Calvin Klein, pero por este precio.
- Mira chocho- le respondo- hoy es sábado, imagínate que vas a la discoteca, ligas y cuando el muchacho se echa los pantalones abajo lleva estos calzoncillos. ¿Tú qué piensas?
- Buenoooo, este y este no te los lleves…

Al día siguiente salí cargado con dos maletas y tres calzoncillos menos que los que llevaron para las tropas americanas en Irak, un solo traje y tres corbatas. Lo esencial era que llevaba muchos calzoncillos para poder afrontar mi vida en la capital y adaptarme sin problemas.

Al cabo de unos meses, la tensión se me pone por las nubes y me hacen muchas pruebas médicas para tratar de encontrar la causa, ya que era muy joven y no consumía drogas (mi sueldo sólo me daba para esnifar poleo-menta como le dije a la médico que me preguntó si tomaba coca).

En mitad de todo este laberinto de médicos, pruebas y hospitales, me llaman de la Clínica la Moncloa diciéndome que en la resonancia que me hicieron hay partes que no se ven bien por un fallo con la máquina y me dan citan para repetirla.

El día de la cita me planto yo cinco minutos antes con mi traje, mi corbata, mi abrigo de paño y mi ordenador; hecho un gentleman. Una enfermera me pasa a un vestuario y me pide que desvista por completo salvo los calzoncillos y los calcetines y que me cubra las vergüenzas con una bata blanca abierta por la espalda que no dejaba nada a la imaginación.

Al bajarme los pantalones me doy cuenta que los calzoncillos que llevaba era de los más feos que me compró mi madre. De color naranja butano y con unas palmeras de fuegos artificiales amarillas y azules.

Traté de tranquilizarme repitiéndome que con la bata no se iban a notar pero no lo conseguí, en el fondo sabía que tenía los huevos como las Vegas. Me armé de valor y salí del vestuario disfrazado de gusiluz justo cuando la enfermera venía por el pasillo leyendo lo que supongo sería mi historial a la vez que me iba hablando sin levantar la vista.

- Vamos a ver…Pablo… ahora vas a pasar a – empieza a levantar la cabeza lentamente para mirarme a la cara pero sus ojos quedan posados en la zona “cero” y noto como trata de disimular la sonrisa o carcajada.

Sabía lo que me estaba mirando y no era precisamente “el bulto”, por dentro se estaba descojonando de mí. Mi único consuelo es que no me iba a ver nadie más.

Me lleva a la sala donde está la máquina de la resonancia y mientras me coloca una vía en el brazo me explica que a mitad de la prueba, más o menos, entrará para meterme un líquido en vena que es un contraste para que la resonancia se vea mejor. Toda esta historia se la podía haber ahorrado porque ya lo sabía de la vez anterior pero no la interrumpí porque mientras me hablaba estaba obligada a mirarme a los ojos en vez de a la “franja de Gaza”.

A mitad de la prueba, efectivamente, entra alguien (yo estaba tumbado y dentro de la máquina por lo que no veía nada) y me inyecta la solución por la vía. Hasta ahí todo normal, lo extraño es que después entrase otra persona y luego otra y así hasta cuatro.

Mientras que me cagaba en la leche que mamó la enfermera porque seguro que había avisado a todas sus compañeras para que viniesen a ver al de los calzoncillos naranja, me moría de la vergüenza y eso que me da igual casi todo.

Lo peor, si es que puede existir situación más humillante, es que cuando me levanto de la camilla veo que en la sala anexa que está separada por un cristal y donde suele estar el técnico manipulando la máquina, no sólo estaba el técnico, sino tres personas más, que no sé si eran los que habían entrado antes u otros que hubiese llamado el técnico para que viesen el espectáculo de luz.

En cuanto salí llamé a mi madre enfadado diciéndole que debía de ser consecuente con sus palabras, que había pasado toda mi infancia escuchando eso de: “lleva los calzoncillos limpios que te pasa cualquier cosa y fíjate tú qué vergüenza con los médicos” y ahora voy al médico con los calzoncillos limpios pero que le sirven de cachondeo a todo el hospital y todo por ahorrarse dos euros.

15 comentarios:

Merce dijo...

Consigues hacerme reír, esta vez a carcajadas. Gracias...

Anónimo dijo...

joder Pablo, esto no me lo habías contado....que risa!!! casi me caigo de la silla...
almudena

Novicia Dalila dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Novicia Dalila dijo...

Me he descojonao jajajajaajaj
Mira, si nos hubiéramos conocido antes te hubiera advertido sobre ese gusto de los médicos por compartir exámenes a los pacientes y hubieras podido obrar en consecuencia.
A mí me operaron de un bulto en mis partes nobles (vulgo chirri), que además de lo jodido de la ubicación, el bulto en sí al parecer se llama "bartolino". Pa morirse, vamos. Porque cuando me fui de baja, cada vez que tenía que explicar por qué me iba... tela el corte que pasaba. (El bartolino es un bulto que se te hace porque se obstruye una glándula de las que segregan el flujo vaginal y se te queda ahí acumulado)... Bueno, pues cuando fui la primera vez al médico a enseñarle mi bulto, no contento con verlo él, llamó a unos cuantos colegas (5 más concretamente) y no te imaginas lo que es estar allí, espatarrada y 12 ojos mirándote fijamente el felpo y si se terciaba, hasta tocárlo.... Yo quería que me tragase la tierra én ese mismo instante.... Y te aseguro de que llevaba las bragas limpísimas, como mi mamá me ha enseñado siempre, por si me pasa algo, pero para lo que me duraron puestas, me hubiera dado igual llevar unas de lunares o algo así....

Un beso Pablete

Supersoto dijo...

Vaya tela! Es que cada vez que me acuerdo me descojono! Y eso que ya nos lo habías contado, pero es que es muy bueno! Ya me imagino yo a esa plantilla de enfermeros/as con los móviles haciendo fotos a tus peazo gallumbos!Seguro que hasta cobraron entrada a los de otras plantas para pasar a verte!
Si es que al final eso de ir con la ropa interior limpia es lo que menos importa, mira lo que te pasó a ti, mira a Novicia Dalila (vaya trago también!). Entre los estampados que se clarean por las sujerentes batas, lo que no se clarea porque queda todo en exposición (que solo faltaba preguntar would you like...?) y si encima acabas perdiendo la ropa interior, como me suele pasar a mi (y me paseo con el culo al aire y lo que no es el culo, por toda la consulta buscando mis bragas estupendas de mi ajuar, con el médico descojonándose y la enfermera frotándose las manos pensando "ya tengo tema para hoy"). Pues no te queda dignidad para volver a una consulta, ni siquiera a la de un otorrino...

Nuria dijo...

Pablo,
Si es que lo que no te pase a ti¡¡¡¡ Pues habertelos quitado y seguro que no llamabas tanto la atención...o si?

Novicia, me pongo en tu lugar con 5 tios mirandote fijamente to lo negro y siento la necesidad de cruzar las piernas de golpe jajaja

Bs
N.

Pablo dijo...

Muchas gracias Merce, por cierto, aunque en las fotos no se ve muy bien tu cara, creo que he encontrado una soble tuya en Valverde del Camino (Huelva), incluso tenía hijos de tu edad!!!

Almudena, ¿entiendes ahora por qué me traía los calzoncillos a Huelva para lavarlos en vez de dejártelos a tí?

Novia, yo de tí hubiese dudado si lo que le interesaba a los cinco médicos era el bartolino o el chochino...

Supersoto, con esos colores me era imposible perderlos como te pasó a tí.

Nuria, si me los hubiese quitado se me hubiese transparentado la caja negra y no sé qué es peor...

Besos.

Pablo dijo...

Me refería a Novicia, no a Novia, es que estoy en casa de mis padres y este teclado no lo manejo bien

FranFel dijo...

Pablo: Despues de secar el teclado, porque hasta he llorado, te cuento para consuelo que no eres el unico.
Recuerdo una primera vez en que se concreto un noviazgo, tu me entiendes....teniamos un tiempo saliendo y pues llego el momento tan esperado, a mi me tenia realmente loca el galan, tanto que luego me hecho el lazo. Siempre se encargo de recordarme como yo le destroze su dignidad aquella fatidica noche de luna llena, el hombre estaba hecho un figurin, olia espectacular y cuando le baje los pantalones aparecieron aquellos taparrabos de tigre sarnoso. Me doble tratando de simular el atacon de carcajada, pegue la cabeza de la rodillas y dije: seguro pasa por una de camasutra...pero que vao, el hombre se dio cuenta que me reia de el y se le bajo la "emocion" y no la pudo recuperar, y eso que le estuve diciendo toa la noche: Wapo, Wapo, Pero que grande ere, Bendia la mae que te pario.En realidad un hombre muy muy Guapo, pero olvido botar en un sementerio nuclear esos esperpentos. Luego yo me encargue de comprarle ropa interior decente.
P.D. Hay cosas que no se les pueden encargar a mami.

troyana dijo...

ja,ja,ja,ja,ja...una anécdota divertida,lo mejor cuando pasan estas cosas: contarlas!
Un saludo

Merce dijo...

En serio??? mi doble...que yu-yu...pero yo en guapo, no??? ;-) (es broma)

Félix dijo...

Una historia divertidísima. ¿Has leído "Terapia" de David Lodge? Me recuerda esa forma de contar situaciones incómodas.

En fin, que me has convencido de que tienes o tuviste los calzoncillos más famosos del sistema sanitario español.

Enhorabuena. O no.

Pablo dijo...

No lo he leído, Felix, me lo apunto para hacerlo.

Otro que tengo apuntado es el tuyo, pero me gustaría que me lo firmases y si es comiendo en los Raposo o en el Lobito mejor que mejor...

Un saludo y muchas gracias por pasarte por aquí.

Entrepà dijo...

Jejejeje.....tu vas a las Colombinas así y se te montan los niños encima, igual que al Ratón Vacilón..jeje..Muy buena, de verdad. Un saludo.

Pablo dijo...

Muchas gracias por venir a "tomarte un café conmigo". Perdona por no haberte saludado antes.

¿Me das permiso para enlazar mi blog con tu máquina de café? Sería un honor tener a otro onubense en mis enlaces.

Saludos