miércoles, 22 de octubre de 2008

Algo de leyenda



El tren de cercanías cumplía su camino hasta la estación de Atocha, como cada día, como cada hora. Los pasajeros íbamos encerrados en nuestro mundo, algunos dormían, otros escuchaban música en su reproductor mp3, leíamos libros o prensa gratuita y, algunos, miraban por la ventana con la vista clavada en el infinito, pasando el paisaje que se repite cada mañana y luego otra vez por la tarde.

Era viernes y el reloj marcaba las ocho menos algo, en el ambiente se notaba la llegada del fin de semana, aunque también el cansancio acumulado de los días y madrugones pasados.

En la estación antes de Atocha subieron tres sudamericanos cargados con una guitarra y dos flautas que al poco hicieron sonar. Los ocupantes del vagón nos ensimismamos, más aun si cabe, en nuestras tareas: los que leíamos acercamos más los libros a nuestra cara, el que escuchaba música subió el volumen y los que miraban el paisaje descubrieron nuevas características del mismo. Lo que fuese para no tener que dar dinero a los cantantes.

A ellos nuestra actitud no le importó lo más mínimo y comenzaron a cantar con voces perfectas, siguiendo el ritmo de los instrumentos. La mezcla de voces era fascinante y la canción iba abriéndose paso en su letra:

“Yo siento que me provocas,
aunque no quieras hacerlo,
está grabado en tu boca,
a rojo vivo el deseo.
Y casi puedo tocarte,
como una fruta madura,
presiento que voy a amarte,
más allá de la locura”

A medida que en nuestros oídos iba entrando la música, dejamos nuestras tareas de lado, los libros se cerraron señalando la página con un dedo dentro de él, uno de los dos auriculares salían del oído del que escuchaba su propia música para mezclarla con la de aquellos tres cantantes.

“Voy a comerte el corazón a besos,
a recorrer sin límites tu cuerpo,
y por el suelo nuestra ropa,
suave gota a gota,
voy a emborracharte de pasión.

Voy a comerte el corazón a besos,
a recorrer sin límites tu cuerpo,
voy a dejar por tus rincones pájaros y flores,
como una semilla de pasión.”

Los libros se cerraron de golpe, los mp3 se apagaron y todos escuchábamos con la boca abierta aquella canción tan bien interpretada, hasta el punto que nos hizo vagar por el mar de nuestros universos interiores.

La mujer del abrigo rojo sintió una punzada de remordimientos por la pelea que tuvo el día anterior con su marido. La discusión no había sido por nada grave, sin embargo esa noche se había dormido sin darle antes un beso a la persona con la que prometió pasar su vida entera. Sacó el teléfono del bolso y empezó a escribirle un mensaje diciéndole que lo olvidasen todo, que le quería mucho y que cada día que pasaba estaba más enamorada.

“Ahora te sueltas el pelo,
y así descalza caminas,
voy a morder el anzuelo,
pues quiero lo que imaginas.
Cuando se cae tu vestido,
como una flor por el suelo,
no existe nada prohibido,
entre la tierra y el cielo.”

El muchacho de la carpeta forrada de fotos de su grupo favorito miraba de reojo, como cada mañana, a la chica morena que se sentaba frente a él. Cada día cruzaban tímidas miradas, aunque ninguno de los dos se había atrevido nunca a decir ni tan siquiera un hola. Pensó que qué coño, que hoy sería ese día, se armaría de valor y trataría de conocerla. Sabría cuánto de verdad o de mentira tendría esa personalidad que cada noche imaginaba antes de dormir.

“Voy a comerte el corazón a besos,
a recorrer sin límites tu cuerpo,
y por el suelo nuestra ropa,
suave gota a gota,
voy a emborracharte de pasión.


Voy a comerte el corazón a besos,
a recorrer sin límites tu cuerpo,
voy a dejar por tus rincones pájaros y flores,
como una semilla de pasión.”

El hombre mayor de americana pasada de moda y corbata antigua se maldecía cada mañana por tener que ir a trabajar, años atrás había sido un gran profesional, pero con la era de los ordenadores, internet y los nuevos y jóvenes valores, cada vez quedaba más obsoleto. Sus nuevos compañeros lo dejaban siempre de lado y le llamaban carca, él los pretendía ayudar, trataba de compartir su experiencia con ellos, pero la vanidad de esos nuevos valores impedía absorber ese conocimiento.

Hoy sería distinto, hoy cuando llegase frente al ordenador abriría ese programa de hoja de cálculos y trataría de entender todo lo que aparecía en sus menús. Si antes hacía su trabajo a mano sin ningún error como un profesional, no perdería su rango ni su batalla contra de sus compañeros.

Los altavoces del tren anunciaron la llegada a Atocha y el trío dejó de tocar para pasar la gorra, pidiendo una ayuda para poder seguir viviendo de su arte. Yo metí la mano en el bolsillo y les día todo lo que llevaba, no sé si era mucho o poco, pero no tenía más y no se merecían menos.

Bajamos del tren al mundo real, tal vez todas las fantasías que tuvimos nunca se hicieron realidad, lo que sí ocurrió es que una sonrisa estaba dibujada en nuestras caras, cosa que pocas veces ocurre a las ocho de la mañana en Atocha.

PD. Cuando llegué a la oficina busqué y busqué esa canción, es de Los Nocheros y puedo asegurar que la versión que escuché por primera vez mejora por mucho a la del grupo original.

12 comentarios:

Novicia Dalila dijo...

La música tiene mucho poder sobre las personas. Bueno, dicen que también sobre las fieras... ¿O es lo mismo???
Hay letras de canciones que relatan al detalle momentos de nuestras vidas, y cuando los escuchamos en la boca de otros, impresiona....

Un beso Pablo

Merce dijo...

Es curioso la cantidad de extraños con los que te puedes estar cruzando a diario durante años.

Desde que empecé a andar por las mañanas temprano, me cruzaba todos los días a un abuelete que también va con su chándal andando. Me resultaba muy violento cruzarme diariamente con él haciendo que no ves. Así que un día me decidí a decir, "buenos días", él me contestó, y ahora todas las mañanas nos saludamos con un sonrisa. Y resulta mucho más fácil de lo que parece...

Un beso Pablo...

Pablo dijo...

Novicia,

Lo curioso fue que yo, y creo que ninguno de los que íbamos en el tren, conocíamos esta canción, sin embargo inundó el ambiente.

Merce,

Me encantaría hacer como tú y saludar a las personas con las que me cruzo por las mañanas en el tren. Aunque nunca nos hablemos ni nos dirijamos la palabra, nos conocemos. De hecho en las épocas en las que no cojo el tren (por vacaciones o ahora que tengo moto) y vuelvo, me entran ganas de decirles "hola! cuánto tiempo!" pero me tomarían por loco...

Besos a las dos

FranFel dijo...

Pues practica un días que te sientas loco.....yo lo he hecho y mas de un coñazo me he llevao pero cuantas cosas maravillosas me han ocurrido. El que no arriesga ni gana ni pierde.

Un beso, y estoy fascinada viendo esa de poeta y escritor que te has lanzado, yo como que también escuché hoy la canción que me hizo cerrar el libro....entrando a tu blog.
Es que yo también amaneci romantic a hoy y puse una de esas cosas melosas que jamás escucho, vaya usé a saber....sera que cambió la luna y todo el mundo amaneció romantico.

Te dejo que voy a es cuchar la canción.
A ver si te bajas una de esas porquerias que ponen musica en el blog, hombre.

Montse dijo...

Qué maravilla de canción!!!! Tiene muchíiiiisimos años y no sabes lo difícil que ha sido encontrarla durante unos años y, a raíz de una aparición hace unos 2 años o 3, en un programa de televisión de alguien que hacía una versión, pude volver a conseguirla.

Es linda hasta decir basta.

Gracias por recordármela y dibujarme una sonrisa

Besitos encanto

Supersoto dijo...

La canción te deja sin palabras porque es todo sentir. Hace unas semanas cuando fui a comprar a Madrid uno de los regalos del Curru, cogí el tren después de mucho tiempo y sentí algo muy especial. Recordé inevitablemente momentos como el que has relatado tan extraordinariamente, recordé muchos ayeres. De vuelta a casa, me embriagó de nuevo la melancolía, que sólo fue alterada por una pareja que se subió al vagón y comenzó a cantar:

Se lo que piensan los presos que estan en la carcel se bien que es algo muy trite muy desagradable
tengo un colega que escribe y esta alli metido y cuenta que la vida es muy perra y no te dejan tranquilo
y yo quiero brindar por la gente que alli sufre y que en mi mente siempre está
Libertad para ti ya podras volar de nuevo y cantar, sonreir, recorrer el mundo entero
Libertad para ti ya podras volar de nuevo y soñar y sentir gritar a los cuatro vientos.
Cuando te bajan al patio y ves algun amigo vas dando vueltas y vueltas pensando en lo mismo
cuando llega la visita de alguien que te ama al despedirte de ella la pena te mata y yo quiero brindar por la gente que alli sufre y que en mi mente siempre está
Libertad para ti ya podrás volar de nuevo y cantar, sonreir, recorrer el mundo entero
Libertad para ti ya podras volar de nuevo y soñar y sentir gritar a los cuatro vientos...

Besos

Pablo dijo...

Fran,

Una de las cosas que no entendemos (o no entienden) la gente de mi tierra es el por qué aquí en Madrid la gente no va hablando en el tren y el metro aunque no se conozcan. Tiene sus cosas buenas y sus cosas malas...

Desgraciadamente no tengo ni tiempo para actualizar el blog, así que para poner música ni te cuento...

Montse,

Muchísimas gracias por venir a esta casa, tu casa. Me he llevado una grata sorpresa al ver que me tienes enlazado en tu blog, así que hago lo mismo.

Supersoto,

Yo me quejo mucho del tren y de las horas que tengo que pasar en él, pero realmente me gusta. Sentarme a leer mi libro y dejar que me lleven, observar a la gente, fumarme el cigarro escondido detrás de las últimas escaleras de Atocha...

Besos a todas.

Crika dijo...

jooooo, en menudo momento me pilla a mí esto!!! parece que el efecto de la canción que aún no oí pero que sólo al leer insertad en tu texto me hizo estremecer me empezó a hacer efecto ayer...cuando relativizas todo y te quedas con la esencia importante de las cosas
voy a buscarla AHORA MISMO!
un beso romántico

Crika dijo...

si copias y pegas un código que no te puedo poner aquí directamente dentro del texto del comentario te sale el vídeo de youtube ;)
(como no tienes mail no se cómo ponértelo...el código, digo)

Pablo dijo...

Creo que vi el video que me dices, pero no tiene nada que ver con lo que cantaban los del tren. Le daban un punto instrumental y vocal que multiplicaba la belleza de la canción por mil.

Muchos besos.

lectora anónima dijo...

Yo iba en ese tren ;-)
Un saludo.

Pablo dijo...

Bienvenida Lectora Anónima,

La próxima vez que vayas en el mismo tren, gíñame un ojo.

Un saludo y mil gracias por la visita.